13 sep. 2008

LO TENGAMOS EN CUENTA

Todo lo que está pasando en nuestro .país sobre el conflicto con el campo, las retenciones móviles, los cortes de rutas, el debate en diputados y senadores, la aprobación de la ley, etc. y la cada vez más insoportable situación de que somos gobernados por gente que habla mucho de democracia pero se comporta de manera que poco tiene que ver con la misma, debe llevarnos a pensar de una vez por todas que está en nosotros el poder de elegir a quienes nos van a gobernar.

Si algo es cierto de lo mucho que ha dicho nuestra presidente, como también su esposo que ahora hasta bromea e ironiza con los periodistas, es que ella resultó electa por la mayoría de ciudadanos que votaron en las últimas elecciones, lo que significa que no arribó al poder por descendencia sanguínea, azar o por la fuerza, fue elegida por un gran porcentaje de argentinos, los que deben asumir la responsabilidad de haberla sentado en el histórico sillón de Rivadavia.

Los que la votaron, aquellos que la eligieron, hoy son responsables directa o indirectamente de lo está sucediendo, aunque muchos no quieran aceptarlo.

Y es eso lo que tenemos que entender como votantes, que tenemos una facultad maravillosa en esta democracia de decidir quiénes serán nuestros gobernantes, como mandatarios para conducir los destinos de nuestro país, provincia o ciudad.

Esta alternativa, lamentablemente no existe en todos los ámbitos o estamentos de nuestra sociedad organizada, en Argentina -al menos por ahora- no se puede elegir, como sí es factible en otros países, a los jueces, fiscales, miembros de la corte suprema, jefes o comisarios policiales. Pero la democracia sí nos permite elegir al presidente, gobernadores, intendentes y legisladores, y lo debemos asumir con verdadera madurez cívica.

Somos nosotros los mandantes, los que tenemos el poder del voto y tenemos que ejercerlo con responsabilidad. Es por eso que resulta aplicable lo que aseveró el investigador Alejandro Lacassagne con respecto a la criminalidad, y bien puede trasladarse al mundo de la política en el sentido de que al poder votar y elegir “las sociedades tienen los gobernantes que se merecen”.

Y si quienes resultaron electos no desempeñaron sus funciones como lo esperábamos, como lo prometieron o como debían, habrá que tenerlo en cuenta a la hora de emitir nuestro próximo voto, sin pensar que la cacerola, símbolo de interrupción de mandato, es la salida a nuestra mala o equivocada elección. Así funciona la democracia, según Platónel peor de los buenos gobiernos, pero el mejor entre los malos”.

Lo tengamos en cuenta, y al momento de votar, analicemos detenidamente cuán satisfechos nos hemos sentido con la gestión de aquellos que designamos en la urna, consideremos cómo actuaron, cómo se comportaron, cómo nos defendieron, cómo trabajaron ejercitando el mandato que les dimos.

Esa es nuestra arma, el voto, para reconocimiento o para castigo, porque somos nosotros y no ellos, los verdaderos soberanos. Lo tengamos en cuenta.-

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