Hay momentos en los que no resulta fácil describir lo que estamos sintiendo, pensando o viviendo, menos aún, cuando son muchos y variados los acontecimientos recientes. La muerte de Raúl Alfonsín, Malvinas y el aniversario de aquel 2 de abril de 1982, la situación general de nuestra dura realidad social y política, el clima de violencia e inseguridad alarmante, y hasta Maradona con su selección...
Es como un licuado de emociones, donde están mezclados y batidos sentimientos como dolor, tristeza, amargura, rechazo e impotencia.
Lo que se ha producido con la muerte de Alfonsín, el multitudinario reconocimiento y apoyo que ha despertado, constituye un momento histórico que seguramente vamos a recordar y analizar en el futuro, porque pocos políticos argentinos han podido provocar una reacción popular de unánime consideración. Aún quienes no compartían sus ideas, como también sus opositores -inclusive quienes mucho hicieron para empujarlo al abismo- reconocen hoy su condición personal y republicana, tanto como sus valores éticos. Se lo ha definido como el “padre de la democracia”, “el símbolo del retorno democrático”, como un signo de respeto a la convivencia, la libertad y la paz.
La decencia, honestidad y austeridad, hoy tan ausentes en nuestra dirigencia política y gremial, siguen siendo -pese a todo- valores que despiertan admiración y respeto. Los mismos motivos por los que votaron a Alfonsín en 1983 son los que hoy conducen a este masivo homenaje.
La guerra de Malvinas, el siempre permanente dolor por los caídos y la falta de reconocimiento concreto a quienes defendieron heroicamente nuestro territorio nacional, conforman otra de las tantas emociones que definen el tiempo que transitamos. No hay palabras para expresar la tristeza que nos produce recordar todos los episodios de aquel horror. No las hay.
Y ahora seguramente, el panorama político va a experimentar sustanciales cambios. Kirchner pensará dos veces si debe criticar o no al radicalismo, Cobos analizará la conveniencia de volver a las filas del mismo, y hasta el hijo de Alfonsín, sentirá que puede convertirse en candidato.
Todos, de una u otra forma, van a tratar de capitalizar el importantísimo caudal de votos que pueden significar la imagen y recuerdo del ex presidente. Todos quieren estar, todos buscan algún rédito.
Y es esto, todo esto, lo que me provoca, este licuado de emociones.-
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