A raíz del asesinato del camionero Daniel Capristo en Villa Alsina, provincia de Buenos Aires, en manos de un adolescente de 14 años, el tema de la inimputabilidad vuelve otra vez a estar en la mesa de discusión. En esta ocasión, con nuevas declaraciones del gobernador de la provincia, pero también del ex presidente en ejercicio, al decir de Nelson Castro, legisladores, jueces, especialistas en minoridad, etc. Todos hablan, todos opinan, demostrando un conocimiento coloquial de la temática, pero nadie hace absolutamente nada para frenar este flagelo de niños y adolescentes cada día más violentos.Ya hemos escrito en numerosas ocasiones en este blog sobre esta problemática, analizando detenidamente el difícil momento que estamos viviendo con estos delincuentes que sabiéndose inimputables (léase, intocables) matan, roban, torturan, secuestran, etc. en el marco de una “cuasi licencia” para hacerlo con absoluta impunidad.
Escuchar las declaraciones de Néstor Kirchner, que dada la proximidad de las elecciones parece haber advertido la importancia del tema, reclamando al Congreso la discusión “de la ley penal del menor” es algo francamente increíble que supera todos los límites de falsedad, hipocresía y caradurismo. Que quien maneja el Congreso a su antojo y libre albedrío, movilizando voluntades y obteniendo una ley en cuestión de días, como sucedió recientemente con el adelantamiento de las elecciones, venga ahora a decirnos “que el Congreso se ponga a discutir la ley penal del menor como corresponde” es la máxima demostración de “cara de piedra” que he visto en mi vida.
Como lo dije en mi artículo Inimputables para la ley, peligrosos para nosotros, “Las respuestas se acaban, las teorías se acaban. Se han escrito miles y miles de páginas sobre la imputabilidad, la capacidad de comprender la criminalidad del acto o dirigir sus acciones, la problemática social que concluye en delincuencia juvenil y el régimen penal de la minoridad, pero nada le sirve a aquellos que resultaron sus víctimas. A ellos no les interesan las teorías ni las explicaciones sin sentido de los políticos, los demagogos de siempre y los legisladores sin respuestas. La sociedad exige acciones, soluciones”.
Es evidente para todos que se deben emprender grandes cambios en la legislación y aplicación de la ley penal para los menores, y que no pueden seguir sucediendo este tipo de hechos cometidos por quienes resultan beneficiados por la benignidad de nuestra ley. La impunidad, la falta de proceso y la ausencia de respuestas por parte de las autoridades y el Estado, ya no pueden admitirse.
Es hora de que una vez por todas enfrentemos un debate serio sobre esta grave problemática, pero de verdad, sin fines electorales, sin demagogia, sin palabreríos e inútiles teorías. Pero fundamentalmente, con sinceridad y honestidad, sin cara de piedra.-
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