El 27 de octubre de 2002, María Marta García Belsunce fue encontrada muerta en su propiedad del Carmel Country Club, en la provincia de Buenos Aires. Según las primeras informaciones, las que posteriormente quedaron desvirtuadas, la mujer habría sufrido un trágico accidente en la bañera de su baño.El 26 de noviembre de 2006, Nora Dalmasso fue hallada asesinada en su casona de Villa Golf, en la ciudad de Río Cuarto, provincia de Córdoba. Su cuerpo desnudo fue encontrado en el dormitorio de su hija y según la primera autopsia, “el asesino habría dejado marcas de sus dedos en el cuello de la mujer, a quien asfixió por compresión manual, además de haberla estrangulado con el lazo de su bata”.
El 16 de enero de 2008, Rosana Galliano fue asesinada de cuatro disparos en el barrio privado El Remanso, en la provincia de Buenos Aires, cuando salió a la puerta de la casa a atender una oportuna llamada que le llegó a su celular.
El 8 de julio de 2009, Natalia Vercesi fue asesinada de ocho puñaladas en el ingreso a su domicilio, en la ciudad de San Francisco, provincia de Córdoba. La joven, que se encontraba embarazada de seis meses, estaba acompañada por su marido, Alejandro Bertotti, quien declaró que fueron abordados por dos delincuentes encapuchados y armados.
Es evidente que en estos cuatro casos hay varios puntos en común, y sin dudas, el denominador principal, es la certera o presunta vinculación de sus maridos con los homicidios de estas mujeres. Las investigaciones, autopsias y pericias posteriores arrojaron resultados que mucho distan de las primeras y particulares versiones que brindaron los sospechosos viudos.
Carlos Carrascosa, esposo de María Marta García Belsunce, fue condenado el 18 de junio último por el Tribunal de Casación Penal bonaerense a reclusión perpetua por el homicidio calificado de su esposa. El supuesto accidente en la bañera, según su declaración, jamás existió y en realidad, la víctima murió asesinada de cinco balazos calibre 32 en su cabeza.
José Arce, marido de Rosana Galliano, fue detenido el 21 de abril pasado por orden de la jueza de Zárate, Campana, en virtud de investigaciones e indicios probatorios que indicarían que Arce y su madre “habrían contratado a dos presuntos sicarios para el crimen, los hermanos Gabriel y Mauro Leguizamón”.
Con respecto al crimen de Nora Dalmasso, recientes informaciones periodísticas relatan que investigadores policiales de la provincia de Salta entregaron al fiscal de la causa “elementos que pueden contribuir a esclarecer el caso”, y que estarían referidos a un supuesto sicario colombiano en cuyo poder se le secuestró una agenda con correos electrónicos y números telefónicos de Córdoba. El delincuente, especializado en crímenes por encargo, habría asesinado a una empresaria en Perú y “se movía” ofreciendo y realizando sus “servicios” en Punta del Este, Ciudad del Este y Córdoba.
Alejandro Bertotti, esposo de Natalia Vercesi, fue detenido el pasado 29 de julio por homicidio doblemente calificado por promesa remuneratoria y por el vínculo. El supuesto robo de dos delincuentes encapuchados y armados, empezó a perder consistencia cuando Leandro Forti, de 19 años, se entregó a la justicia revelando que el mismo Bertotti “le había pagado 5 mil pesos para que asustara y golpeara a la mujer”. Según su primera declaración, el joven habría afirmado “que no fue él sino el viudo quien le asestó a la mujer las puñaladas, mientras él la sostenía por la espalda”.
Si bien todavía quedan muchas páginas para completar en la investigación de estos macabros homicidios, y seguramente muchas serán las novedades e informaciones que se sumen a los mismos, ya hay puntos de contacto que definen las características de estos casos.
La Criminología y en especial los estudios sobre las víctimas del delito, han desarrollado ampliamente el análisis de la relación autor-víctima dentro del mismo grupo familiar, destruyendo aquel mito del delincuente desconocido. La realidad nos demuestra que en esos casos el delito ha sido planificado, preparado y cruelmente ejecutado por un familiar que conoce perfectamente a su víctima, su casa, sus costumbres, sus horarios, sus debilidades y hasta sus temores.
Son autores, materiales o intelectuales, que abusando de ese conocimiento pueden simular un accidente o un robo, para matar fríamente a su víctima, esa víctima vulnerable que en algún momento pudo depositar su confianza y amor, inclusive en ese que prometió amarla y respetarla todos los días de su vida.-
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