Una vez más Cristina Fernández de Kirchner hizo uso de la cadena nacional para atacar y agraviar a la oposición, con expresiones de durísimo contenido, inclusive para funcionarios judiciales. En el discurso, la mandataria volvió a insistir con los supuestos fantasmas de “destitución”, defendiendo incondicionalmente a Mercedes Marcó del Pont y su plan de afrontar el pago de deudas con reservas del Banco Central.Con la inimputabilidad verborrágica de siempre, habló de los fallos judiciales en contra de sus medidas recientes y aseguró que no va a permitir que un juez “defaultee” la deuda, como si acatar o no las decisiones de los jueces fuese una facultad del poder que ostenta.
Evidenciando como siempre su poco criterio democrático, no dudó en cuestionar y atacar a la oposición, afirmando irónicamente que los sectores antikirchneristas del Senado no son mayoría sino “un rejunte político que sólo quiere obstruir y que no funcionen las instituciones”.
Además, en una demostración insuperable de intolerancia absoluta, se permitió hacer referencias a la vida privada de la jueza Claudia Rodríguez Vidal, que se había pronunciado en contra del último decreto para pagar la deuda con las reservas del Banco Central, y hasta aseguró que la oposición consigue “jueces que parece que estuvieran alquilados”.
La gravedad de sus afirmaciones pone en evidencia su obstinación y soberbia, generando además la segura intervención judicial, dado que de sus apreciaciones surge con claridad que conoce efectivamente que habría jueces que se están “alquilando” para beneficiar con sus resoluciones a miembros de la oposición.
Si Cristina Fernández sabe o tomó conocimiento de estas delictivas situaciones, debería radicar las denuncias correspondientes, como lo haría cualquier ciudadano de bien, más teniendo en cuenta el cargo que ocupa y su obligación institucional al respecto. Y si no lo hace, y solo se dedica a vociferar como siempre acusaciones sin ningún tipo de fundamentos más que el odio y la incapacidad democrática, deberá responder por su manifiesta complicidad con los que ella misma acusa, si es que fuera cierto.
Tengo la triste sensación que la presidente ha superado con este discurso todo límite, que ya nada es posible en una gestión que está haciendo agua por todos lados, y que la paciencia de los argentinos ya no soporta más este tipo de conductas agresivas y despóticas.
Están desorientados y atemorizados, de ahí la irresponsabilidad y demencia de lo que hacen y dicen, y es evidente que no comprenden ni advierten que con atacar a la oposición, calificar despectivamente a quienes no comparten sus ideas, hablar de los jueces y sus vidas privadas, los magistrados que están “alquilados”, etc. sólo exponen una muestra más de la soberbia de siempre.-
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