Continúa desarrollándose en Buenos Aires el juicio oral pero no público al mediático Padre Grassi por presuntos casos de delitos sexuales en perjuicio de niños y jóvenes que supuestamente debían estar bajo su cuidado y tutela. Todos los días podemos ver en el ingreso a los tribunales cómo los abogados de las partes y hasta el mismo sacerdote protagonizan un verdadero circo para los medios, exponiendo sus argumentos de forma tan repugnante que hasta nos olvidamos que detrás de toda esa basura estratégica de uno y otro sector hay niños y jovencitos que acusan al representante de Dios de haber abusado de ellos.
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Se habla de complot, de un plan maléfico para perjudicar al imputado, de una personalidad perversa, de las posibles indemnizaciones en el fuero civil y hasta de la más importante diva de la televisión argentina, pero nadie menciona siquiera cómo recuperamos a esos que resultaron presuntamente inocentes víctimas de quien debía cuidarlos y protegerlos.
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Algunos culpan a la Iglesia, al celibato, a la falta de control estatal en estas organizaciones de asistencia social, etc. pero nadie se pregunta si en otras fundaciones u ONGs de este tipo podría estar sucediendo lo mismo.
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Tal vez en este momento que yo estoy escribiendo y que usted está leyendo, hay niños y jóvenes que están siendo abusados impunemente, y de alguna forma todo el aparato de un sinnúmero de estamentos sociales lo está permitiendo.
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Si las acusaciones en el caso Grassi son verdaderas y en el interior de dicha obra sucedía el horror que hoy nos narran sus víctimas, quiere decir que cientos y miles de personas miraban sin ver, oían sin escuchar. Hasta Dios giró la cabeza para otro lado. ¿Será su voluntad que sucedan estas cosas?, ¿habrá alguna razón que las justifique y que no podemos comprender?.
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Resulta muy difícil encontrar las respuestas a estas preguntas y minuto a minuto se siguen produciendo cientos de nuevos casos de abuso sexual y maltrato infantil. Será ¿por voluntad de Dios?.-


