En .algunos .sitios .de .internet o .redes. sociales .del tipo comunidades, se han originado grupos o movimientos .que difunden expresamente sus ideas discriminatorias, con postulados como “Odio a todos los negros villeros, hay que matarlos”, “mueran todos los negros cabezas” o “basta de negros villeros”. En Facebook, posiblemente la red social más conocida en el mundo, más de treinta grupos argentinos sugieren poner en práctica acciones de “exterminio” y “eliminación” de todos aquellos integrantes de las “clases bajas o villeros”. El grupo “Que exterminen a los negros villeros que te acosan”, que es administrado por un estudiante de 23 años, sostiene la necesidad de “eliminar de la sociedad a la gente que realmente se lo merece” citando como ejemplo, a la persona que mata en un robo a sangre fría. Este grupo es apoyado por otras 439 personas que también comparten la opinión y coinciden en el macabro plan de acción.
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Otros grupos con más de 200 seguidores proclaman que “hay que prenderlos fuego a todos, no sirven para nada, son el cáncer de nuestra sociedad”, extendiendo su objetivo criminal a los “floggers y fieritas” que al igual que “los grasas, negros cabeza y villeros” no merecen ni siquiera tener un espacio en Facebook. Los seguidores o “fans” de estos sitios, suman su aporte, con mensajes y comentarios de igual contenido discriminatorio, haciendo permanentemente referencia a los términos “exterminio” y “esterilización”, palabras con clara connotación nazi, donde el Estado racista establecía que sólo el individuo sano podía procrear, quitándole materialmente a los otros con la esterilización la facultad de reproducirse.
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El Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) recibe un promedio de 40 denuncias mensuales por discriminación en diferentes sitios de Internet, habiendo detectado un total de más de ocho mil espacios en la red donde se fomenta el odio racial y la violencia. En algunos se menciona la posibilidad de implementar un genocidio no sólo contra aquellos que “lo merecen” por su color de piel, sino también por su “color de alma”.
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Roberto Petinatto en su programa televisivo “Duro de Domar” expresó días atrás que la persona encargada de censar en una villa no debe preguntar “¿de qué raza son los habitantes de esta casa?” sino que debe interrogar “los que viven acá, ¿son tan o más negros que usted?”.
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La palabra “discriminar” (del latín “discriminare”) que en su primera acepción es definida como “dar trato de inferioridad por motivos raciales, políticos, religiosos, etc.”, y la conducta definida como “discriminación”, constituyen un amplio campo del ordenamiento jurídico que en el último tiempo ha tomado cada vez mayor relevancia, considerando los casos donde expresiones de odio racial o religioso fueron objeto de sanción penal. En algunos diccionarios jurídicos de la década del 80 no se incluye a ninguno de estos términos.
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Creo que lo verdaderamente importante en esta cuestión no es plantear las maneras para encuadrar o sancionar judicialmente a quienes realizan estos comentarios o promueven estas conductas, sino plantearse el porqué hay cientos y miles de personas que opinan de esa forma, apoyando a quienes sostienen las ideas de “exterminar” y “esterilizar” a los definidos como “inferiores”. Lo reflexionemos.
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Otros grupos con más de 200 seguidores proclaman que “hay que prenderlos fuego a todos, no sirven para nada, son el cáncer de nuestra sociedad”, extendiendo su objetivo criminal a los “floggers y fieritas” que al igual que “los grasas, negros cabeza y villeros” no merecen ni siquiera tener un espacio en Facebook. Los seguidores o “fans” de estos sitios, suman su aporte, con mensajes y comentarios de igual contenido discriminatorio, haciendo permanentemente referencia a los términos “exterminio” y “esterilización”, palabras con clara connotación nazi, donde el Estado racista establecía que sólo el individuo sano podía procrear, quitándole materialmente a los otros con la esterilización la facultad de reproducirse.
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El Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) recibe un promedio de 40 denuncias mensuales por discriminación en diferentes sitios de Internet, habiendo detectado un total de más de ocho mil espacios en la red donde se fomenta el odio racial y la violencia. En algunos se menciona la posibilidad de implementar un genocidio no sólo contra aquellos que “lo merecen” por su color de piel, sino también por su “color de alma”.
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Roberto Petinatto en su programa televisivo “Duro de Domar” expresó días atrás que la persona encargada de censar en una villa no debe preguntar “¿de qué raza son los habitantes de esta casa?” sino que debe interrogar “los que viven acá, ¿son tan o más negros que usted?”.
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La palabra “discriminar” (del latín “discriminare”) que en su primera acepción es definida como “dar trato de inferioridad por motivos raciales, políticos, religiosos, etc.”, y la conducta definida como “discriminación”, constituyen un amplio campo del ordenamiento jurídico que en el último tiempo ha tomado cada vez mayor relevancia, considerando los casos donde expresiones de odio racial o religioso fueron objeto de sanción penal. En algunos diccionarios jurídicos de la década del 80 no se incluye a ninguno de estos términos.
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Creo que lo verdaderamente importante en esta cuestión no es plantear las maneras para encuadrar o sancionar judicialmente a quienes realizan estos comentarios o promueven estas conductas, sino plantearse el porqué hay cientos y miles de personas que opinan de esa forma, apoyando a quienes sostienen las ideas de “exterminar” y “esterilizar” a los definidos como “inferiores”. Lo reflexionemos.
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